Donde la literatura y la maldad se toman un té

viernes, 17 de marzo de 2017

Rojo y oro, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual

Título: Rojo y oro
Autoras: Iria G. Parente y Selene M. Pascual
«Escuchad, mortales,
la historia de un dios que no quería vivir,
de una amazona obligada a matar
y de su libertad para siempre robada.
Aguardad y temed el despertar del caos:
cuando Eris abra los ojos,
la venganza al fin llegará.

Orión está cansado de ser el esclavo de Hera desde que su madre, la diosa del Caos, fue condenada por su ambición. Hera le ha tratado siempre más como un criado que como el dios que es. Y quiere que eso acabe.
Astérix Asteria está cansada de luchar. Desde que el pueblo de las amazonas fue arrasado hace años, ella y sus hermanas viven esclavizadas y obligadas a servir al Emperador de Élada como gladiadoras. Y quiere que eso acabe.
El mundo de Orión es dorado como solo puede serlo la grandeza de los dioses; el mundo de Asteria es rojo como solo puede serlo la sangre que derrama cada día.
Ambos buscan venganza hacia quienes los encadenaron en esos mundos.
Ambos buscan libertad, y harán lo que sea necesario para conseguirla».

Queridos hierbajos, voy a ser sincero con vosotros (lo sé: toda una novedad sin precedentes en este jardín). Este libro se siente como si alguien hubiera perdido una apuesta antes de escribirlo. Para todos aquellos que conozcáis Inuyasha, es como ver (no) morir a Kikyo de nuevo. Una y otra y otra vez.

Pero, vale, comencemos por la sinopsis. La verdad es que me parece bastante acertada para el libro que describe. El uso del coro como recurso va en consonancia con la propia historia, que recurre a esa misma herramienta en diversos puntos para establecer un punto de unión y paralelismo entre las situaciones de ambos personajes principales (e incluso entre diferentes puntos temporales a través de las peripecias de cada personaje). Al margen de eso, poco más que añadir: no nos están mintiendo, punto a su favor [Zarza: jo, tío, nos estamos volviendo poco exigentes. Ortiga: ya...] (aunque eso del «dios que no quería vivir» sería discutible, pero bueno).

La historia va exactamente de eso: una amazona a la que obligan a luchar como gladiadora y un dios menor al que Hera tiene esclavizado y utiliza como alfiletero y juguete sexual. Como podéis imaginaros, ninguno de los dos está muy contento con el apaño. Así que la idea es complotar un golpe de estado cósmico, pero liberar a la diosa del Caos tal vez no resulte ser la más razonable de las ideas y como que la cosa termina siendo un pelín caótica (guiño, guiño).

No me da la sensación de que haya un núcleo específico, intencional, definido. Lo han intentado con la libertad, pero no les ha salido. Lo que les ha salido es más bien relacionado con la culpa, pero como creo que no lo estaban intentando, en realidad tampoco les ha salido. Como es habitual en la bibliografía de estas autoras, nos encontramos con una novela que se vale de personajes psicológicamente perjudicados para ir tocando de pasada muchos palos. De pasada, también, nos van soltando juicios morales a discreción (que no con discreción), como el que no quiere la cosa, muy al estilo de Laura Gallego: el machismo en el lenguaje es la estrella de la corona en este caso, pero hay otros. Al final nos quedamos con una parábola con moraleja. Poco más.

Parabólico es también, por cierto, el desarrollo de la trama. Pero de esto os hablaré más adelante.

La voz narrativa tiene autoridad a ratos. ¿Sabéis estos coches viejos que a veces metes la llave en el contacto y se ríen en tu cara?, pues así. La historia está principalmente narrada a capítulos alternos desde la conciencia de los dos personajes protagonistas. La autoridad racio-emocional de Asteria se apoya mucho en el uso predominante del femenino en el discurso. La de Orión no está tan clara: se le reconoce porque es blandito y llora mucho. Luego están los capítulos llamados «Cantos», de los cuales hay algunos que conservan, efectivamente, un estilo con regusto a leyenda (sobre todo al principio) y hay otros que reniegan completamente de su nombre y se comportan como cualquier otro capítulo, solo que con la excusa de pegarse a la conciencia del personaje de conveniencia de turno. Bastante decepcionante en ese sentido.

A nivel racional se aprecian también algunos detalles relacionados con el cambio de color de la sangre entre mortales y dioses y las metáforas que ello lleva asociado, aunque tampoco es nada que se salga de lo corriente. En conjunto, no he tenido demasiados motivos para dudar de la competencia de los narradores, salvo algún momento específico y quizá las salidas de tono esporádicas de Asteria, que utiliza insultos y palabrotas tan actuales que se hace difícil a veces recordar que estamos hablando de la Grecia antigua. Bueno, y en los cantos que no son cantos, ahí si que el narrador no da a basto para achicar agua.









Muy bien, hablemos de los personajes. Los principales son dos: Asteria (la amazona) y Orión (el dios de la Vida). Los dos son opuestos con intención claramente complementaria y su discurso se diferencia por los motivos que ya he expuesto más arriba: Orión es blandito y llora y Histeria Asteria habla en femenino plural y jura como una carretera [Zarza: como una carretera. Ortiga: sí, de las que hacen «bruum, bruum». Zarza: ... Ortiga: Ah, no, que las carreteras no hacen ruido. Zarza: ¿las carreteras de asfalto? No, no lo hacen. Pero sí que juran. Lo que pasa es que cuando pasas por encima con el coche vas muy rápido y no las oyes, pero en realidad están susurrando «cabrooooona, te matarééééé»].

¿Punto positivo? Los personajes están pensados para atentar activamente contra los roles de género tradicionales a favor del ensalzamiento del papel de la mujer. La mayoría de los personajes secundarios que los acompañan son mujeres (el resto de amazonas, Atenea, Artemisa, Eris, Hera y la bibliotecaria, guión, aspirante al trono Ligeia) y es positivo no solo su presencia, sino el hecho de que (algunas) tienen sus propias motivaciones y línea de actuación independientes de intereses ajenos (masculinos) durante el transcurso de la historia.

La sexualidad también se trata con bastante normalidad: Asteria es (como mínimo) bisexual y a nadie ni le sorprende ni le espanta. Aunque no faltan los apuntes por ahí señalando con flecha de neón lo normales que son los comportamientos en cuestión. Como tampoco faltan los juicios morales abiertos contra la intransigencia y encorsetamiento sociales. Oh, y ¿sabéis qué otra cosa no falta? Fan service. De hecho, a mí me sobra. Bastante.

¿Punto negativo? Se sigue hablando de roles tradicionales, aunque sea dados la vuelta. Asteria (tradicional marimacho) es una guerrera muy dura que se vale de su destreza en la lucha para intentar proteger a la gente a la que quiere. Es básicamente la persona que se encarga de todo lo que hay que hacer y va salvando a todo bicho viviente. Se ha puesto el peso del mundo sobre los hombros. Orión es una damisela en apuros al que se trata como si fuera un inútil redomado cuando no un niño de cinco años. Todo el mundo coincide en que el personaje al que se le han adjudicado las cualidades tradicionalmente femeninas no solo no tiene forma de protegerse a sí mismo o a las personas a las que ama, sino que además su cualidad principal y definitoria es que es «débil» (en ese sentido, el personaje no evoluciona para aprender a quererse un poco más a sí mismo). Total, que tal y como nos lo pintan al final las mujeres seguimos quedándonos con el palito corto en este juego. En lugar de tratar al personaje como si fuera un ente capaz, con cualidades propias que aprovechar, poseedor de otro tipo de fortaleza, todos los personajes se centran en los aspectos negativos, en su inutilidad, su debilidad (esto no es exclusivo de este personaje, pero si con el que resulta más llamativo). Es el puñetero dios de la Vida, ¡puede sanar heridas! ¿En qué universo eso no es útil en batalla?

También está el hecho de que, aunque el personaje de Orión hubiese aprendido a utilizar sus propias fortalezas, se le podría haber acusado de que resulta que las cualidades tradicionalmente femeninas sólo consiguen redimirse cuando las blande un hombre [Zarza: o cuando tiene cualidades mágicas que no existen en la vida real, como sanar heridas]. Al final, la cuestión es que nos hacen falta personajes, en general, que muestren una variedad más amplia de fortalezas, en lugar de centrarnos en la fuerza física y la destreza con las armas como la única fortaleza aceptable en esta sociedad [Zarza: ¡ya!, ¡¿quién diablos sabe luchar hoy en día?! Es como: ¡nuestros hombres son fuertes porque luchan con pitones!, si nuestras mujeres fueran fuertes también sabrían luchar con pitones... ¡¿Quién lucha con pitones hoy en día?! Somos todos unos blandos, al menos en la sociedad occidental hoy en día. No os engañéis, si hubiese un apocalipsis zombi, nos moriríamos todos del susto (a menos que nos pongamos ya a hablar de cuerpos militares y gente con preparación)]: las mujeres tipo Asteria y tipo Katnis existen [Zarza: sí, como los unicornios que se pelean con pitones], okay, pero hay muchas otras formas de ser fuerte y capaz, y todas ellas son igualmente válidas (y más realistas, si nos ponemos a hablar sobre representación e identificación).

Todavía hablando de Orión quiero mencionar también la pésima, cuasi inexistente construcción psicológica del personaje. Este pobre muchacho lleva, literalmente, toda su vida sujeto al control de Hera. Hera es un monstruo de persona, sádica y muy desequilibrada, que lo ha tenido sometido no solo a un maltrato psicológico terrible, aislamiento y privación de libertad, sino también a abusos sexuales continuos e incluso tortura física. Es una situación retorcida y perjudicial a todos los niveles imaginables para cualquier ser humano. Pues el muchacho en cuestión, es que ni cosquillas. De vez en cuando las autoras se acuerdan de hacernos una referencia tipo que en tal o cual momento en el que algún personaje le está apuñalando (ahí es nada), el chico se acuerda de las torturas de Hera y eso lo hace todo peor. Y ya. No sé por qué alguien esperaría que yo me creyese esto. Lo siento pero no. Incluso aunque yo mismo no fuese superviviente de maltrato psicológico, podría darme cuenta de que una situación de este calibre te deja unos cuantos centenares de taras psicológicas muy jodidas con las que lidiar. No puedes pretender vendernos a un personaje maltratado para «justificar» su personalidad sumisa y olvidarte de los aspectos mucho más numerosos y menos deseables que ese tipo de situaciones traen como consecuencia. El personaje no se sostiene [el personaje de Asteria, en realidad, tampoco está mucho más trabajado que Orión en ese sentido, pero como que lo lleva con más disimulo porque su estrategia de gestión es básicamente la supresión. Zarza: como un tío (el rol tradicional). Ortiga: sip, sip, han cogido el rol masculino tradicional, el pack completo, y se lo han puesto a una mujer. Y tirando millas].

Resumiendo: muy bien que haya ruptura de roles tradicionales, muy bien que los personajes femeninos tengan el peso de la trama y mayor desarrollo y motivaciones, muy bien que se intente hablar de sororidad. Sin embargo, la construcción de los personajes en tanto que personajes sigue siendo deficiente hasta en el mejor de los casos y eso repercute (entre otras cosas) en cómo está presentada la que mucha gente parece considerar la piedra angular de esta novela, la sororidad [Zarza: una pista: muy mal]: las hermanas amazonas de Asteria no están construidas, y no mantienen con ella una relación visible en el libro (por no hacer es que ni hablan, la única de ellas a la que se distingue del resto es la amante, y sólo se paran a hablar como preludio o desenlace del acto sexual). Y eso por no hablar de que los objetivos inconscientes son los unicornios de la novela: no se les ve asomar el cuerno. Todos los personajes tienen objetivos conscientes, pero no tienen apenas conflictos ni contradicciones internas [Asteria y Orión tienen un par de amagos en ese sentido relacionados con la culpa, pero esto tampoco está demasiado trabajado]. De los objetivos conscientes os voy a hablar más en profundidad, junto con lo de la trama parabólica que ya apuntaba más arriba.

En todo caso, antes de abandonar este tema por completo me gustaría hacer un último apunte sobre cómo está trabajada la idea de sororidad en la historia. A pesar de que la sociedad de las amazonas se nos presenta como paradigma de sororidad, lo cierto es que (como ya venía diciendo) al final la cosa en mi opinión se queda un tanto coja. Me explico: parece que el apoyo vaya sólo en un sentido. Asteria es la encargada de proteger a todo bicho viviente de esta historia, pero ella misma es tan superior e inalcanzable que se encuentra sola en esa posición elevada y nadie tiene opción de mantener una relación de reciprocidad con ella. De hecho, se encuentra sola en su escalón: los demás abajo no pueden ayudarla y los de más arriba son sus enemigos y no puede protegerse de ellos. Esto tiene un claro impacto en el personaje, que asume un complejo de salvadora muy duro y la correspondiente culpa cuando sus expectativas irrealizables no pueden cumplirse. Esto no es que sea un rasgo negativo del personaje en tanto que personaje, desde un punto de vista literario (aunque sí un tanto prototípico); no obstante, sí es un rasgo peligroso en ser humano y creo que en importante que las personas que lean esta historia sean capaces de ver que la posición de Asteria no es sana y no caer en idolatrarla por ello.

Está bien. Hablemos de la prosa (aunque no tengo tampoco mucho que decir al respecto). Hay empleo de coros y algunas desfamiliarizaciones, cosa que me ha hecho muy feliz. No obstante, me temo que los aspectos negativos se comen los pocos detalles positivos en este campo. Salvo momentos puntuales, el texto carece de subtext. No se aprecia intencionalidad comunicativa más allá del adoctrinamiento [y conste que estoy de acuerdo con las ideas que transmite: pero el texto no nos muestra nada que haga reflexionar al lector, se limita a informarnos de lo que sus autoras consideran que es correcto y todos deberíamos pensar]. Las explicaciones adquieren categoría de infestación, todo está plagado de información para el lector y juicios morales no disimulados. También he encontrado algunos anglicismos y unas cuantas confusiones entre «deber» y «deber de», pero al final lo que más me fastidia son las explicaciones, porque hay algunas ideas definitivamente interesantes en esta historia, pero las autoras no permiten al texto hablar por sí mismo. Habría que coger y hacer lo mismo que hice con las primeras páginas de El fuego en el que ardo: agarrar el permanente y tachar, tachar, TACHARRR. Sin mirar atrás, sin remordimientos [Zarza: ¡¡sin frenos!!]. El libro nos saldría cuatro veces más corto, pero anda que no tendría que ganar.

Perfecto. Llegó el momento en el que os pongo ejemplos y casos concretos dentro de la novela. Atención: posibles spoilers a partir de esta parte.

Voy a comenzar poniéndoos un par de citas que tengo apuntadas por motivos positivos antes de pasar a quejarme.

Desfamiliarizaciones, allá vamos:
«Nos quedamos callados, como si pretendiéramos que las palabras se hundiesen en el suelo y germinasen». Zarza: esto estaría bien... si lo hubiera dicho Perséfone. Desapruebo.
«[V]i los cadáveres empapados en sangre, empapados de futuros que nunca llegarían a ser realidad». Esta está bastante cerca incluso de received text, pero bueno.
«Es peor saber que cuando me limpio, cuando empiezo a frotar mi cuerpo, en realidad estoy haciendo desaparecer lo poco que queda de la vida de mis hermanas». Exactamente lo mismo que la anterior. Zarza: aunque tiene algo más de carga emocional. Os la compro (pero con descuento, porque sigue siendo estereotípico).
«Mi mundo es negro. El negro de la oscuridad [Ortiga: plot twist!], de flotar a la deriva, pero siempre anclado al suelo. El negro de mis pensamientos. El negro de la memoria de los espíritus». Y además esta es combo: desfamiliarización más coro. Zarza: más que coro, es eco, está seguido. Ortiga: no, es coro con otras partes de la novela. Zarza: vale, compro. Pero con descuento. Porque es una idea un poco hortera.

Zarza: ¡Oh, ya sé!
También me ha gustado la única reacción psicológica coherente que el personaje de Orión tiene en relación con el trauma. El personaje es atrapado por Hades y castigado con un tortura muy chunga que consiste en encadenarlo en el fondo de un río de sangre en ebullición [Zarza: y ahora ponemos el río a hervir. Ortiga: y encima es sangre. La sangre no hierve, coagula. Mira, te lo compro porque son dioses, que si no estaría subiéndome por las paredes. Zarza: pues yo no te lo compro. Esto suena a «lo hizo un mago»], condenado a experimentar el sufrimiento del mundo (Orión es un dios, así que no puede morir [a menos ¡que le cooooooorten la cabeza!], sólo se queda ahí sufriendo eternamente). Cuando Asteria lo rescata de este castigo, el muchacho está por fin (POR FIN) traumatizado y catatónico, y la manera que encuentra de reaccionar a esto y aferrarse a algo es buscarle el pulso a Asteria. «Me inclino, con mucho cuidado, hasta que mi cabeza descansa contra ella. Hasta que mi oreja está contra su corazón y puedo escucharlo latiendo a centímetros de mí». Idea que se mantiene constante a partir de ahí en la relación de ambos personajes. Francamente, me parece que esta ha sido, con gran diferencia, lo mejor de toda la novela [Zarza: y ya lo había hecho Tarzán antes, de ese nivel estamos hablando].

Otra cosa encantadora es cuando se hace amago de iniciar la primera conversación de índole amoroso del libro y Asteria la corta de cuajo, sin remordimientos:
«—Bien, Orión ha demostrado no ser la persona más objetiva del mundo en lo que a ti se refiere.
—¿Eso es algún tipo de indirecta?
—De hecho, no. Pretendía ser lo suficientemente directa. Es evidente que…
Alzo una mano, enseñándole la palma para detenerla antes de que su imaginación se ponga en marcha con historias que no existen. Sé que ha visto el beso, pero eso ha sido solo un juego [Zarza: solo un juego. Con una víctima de esclavitud y abusos sexuales. Sounds legit. Ortiga: put a ring on it!].
—Céntrate. Hablamos de Zeus [Ortiga: al que están intentando encontrar/capturar/convencer de que las apoye]». Los ojos me hacían chiribitas. Por desgracia, luego lo joden, porque en el fondo Ligeia se ve que es una celestina encubierta y no puede resistir seguir insistiendo sobre el tema. Así que terminan hablando de ello. Pero fue bonito mientras duró. Y ya que hablamos de Ligeia, por cierto: es un personaje que pretenden vendernos de listo y en realidad se nos demuestra a través de las escenas que la mitad de las ocasiones Asteria es más perceptiva que ella. Yo sólo lo dejo caer.

Bueno, y hasta ahí todo el positivismo que me vais a ver gastar. Hablemos ahora de la falta de inteligencia emocional en esta historia. No que esto sea un fallo per se a nivel narrativo: vuestros personajes pueden ser todo lo emocionalmente estúpidos que os dé la gana; sin embargo, dado que cada vez que las autoras opinan que un comportamiento no es adecuado nos lo comunican por medio del juicio moral pertinente, leyendo esta historia se me ha quedado la duda de si ellas mismas son conscientes de que algunos de los comportamientos de sus personajes atentan contra el mensaje que (parece) quieren transmitir.

Terminemos primero la conversación de índole amorosa que habíamos comenzado en el párrafo de antes. Este es el análisis que Asteria hace de cómo ve ella la «atracción» que Orión siente:
«—Orión es como un cachorro al que han maltratado —le explico a Ligeia, que abre mucho los ojos, con incredulidad. No entiendo qué le parece tan sorprendente de mis palabras—. Los animales que han sufrido a manos de la gente tienen miedo de acercarse, pero en cuanto una persona les trata bien pueden vencer ese miedo y se sienten agradecidos de recibir algo de cariño. Entonces empiezan a buscar la atención de quien les ha tratado bien todo lo que pueden, porque les agrada la novedad y establecen un lazo.
—Eso es bastante cruel por tu parte, Asteria. —Parpadeo, mirándola. No pretendía sonar de esa manera—. Es bastante condescendiente, también, aunque no sé si la condescendencia es hacia él o hacia ti misma. ¿No crees que se pueda sentir sinceramente atraído hacia ti? Tampoco eres tan desagradable…».
¿Francamente? Estoy con Asteria. Es decir, sé que a veces puedo hacer gala de la misma falta de tacto que Asteria, pero dejando de lado las formas estoy de acuerdo con la idea que la amazona está intentando transmitir. Pero, claro, eso significaría que el personaje de Orión tuviese una construcción psicológica coherente. Y… en fin, ya hemos visto que el muchacho es impermeable. Que no estoy diciendo que esos sentimientos no puedan evolucionar y consolidarse una vez que la persona en cuestión se haya recuperado del abuso, pero construir una relación sobre esa primera base es malsano: la víctima se encuentra en una situación de clara vulnerabilidad que puede resultar muy perjudicial a nivel emocional. Eso por no mencionar el hecho de que Ligeia, para ser tan lista, habla con mucha alegría de cosas que desconoce: nosotros como lectores ya sabemos que Asteria ya ha tenido amantes (o, como mínimo, amante), así que la lectura que está haciendo de ella es errónea por ignorante.

Más adelante se seguirá hablando de la infatuación de Orión con Asteria y esta última terminará aceptando que el dios está de verdad de la buena enamorado de ella. ¿Los motivos? El muchacho se pone celoso y protector (comportamientos, estos, exclusivos de los amores verdaderos y chachipistachis), se siente sexualmente atraído por ella (también exclusivo e indisociable del amor verdadero, por supuesto) y además hace alusión al componente amistad/la importancia de conocer, querer y respetar la persona que ella es (lo cual, claro, saca los pompones y grita amor romántico por todas partes, a los amigos y los chuchitos maltratados no les importa tu personalidad).

Ahora que a mí personalmente lo que más gracia me hace en cuando es el propio Orión quien verbaliza sus sentimientos por Asteria: «—No puedes verlo, pero está rodeada de energía —susurro—. Está llena de vida. Sé que ella cree que no es así, que piensa que está… más muerta que viva, pero no es cierto. Me aturde. Me abruma. Hace que tenga la necesidad de sentirme vivo y de dejarme llevar, porque hace mucho tiempo que no lo hago». ¿Soy yo o suena como si estuviese describiendo un cupcake fantasía con frosting arcoíris esperándole para la merienda? Yo, al menos, me sentiría así si me recibieran con un cupcake de tales características [indirecta sutil, guiño, guiño].

Y por cierto que Orión, al igual que Ligeia, se dedica a hacer juicios y observaciones sin saber de lo que está hablando: «—Tus hermanas tampoco querrían una venganza a riesgo de tu vida. Yo… Yo me rendí en mi batalla. ¿Por qué no lo haces tú con la tuya?». La intención es proteger a Asteria y eso es muy bonito y toda la pesca, pero ¿por qué presume Orión que sabe lo que las amazonas sentirían cuando básicamente no sabe nada de su cultura y no llegó a conocerlas siquiera en persona? Me parece una tremenda falta de respeto hablar tan a la ligera sobre los deseos o prioridades de todo un pueblo que ni siquiera es el tuyo [y teniendo en cuenta la importancia de la lucha y el orgullo que nos venden para las amazonas, me queda la duda de si de verdad les hubiera parecido bien abandonar la venganza: ese es un sentimiento muy occidental y moderno].

Otra cosa que tanto Orión como Ligeia hacen es darle alas y alimentar concienzudamente el sentimiento de culpa (excesiva y tóxica) de Asteria. La amazona hace cosas que les beneficiarán a ellos, pero que la perjudicarán a ella, obviando por el camino (por simple falta de costumbre [y por complejo de héroe mártir]) que el sufrimiento propio también repercutirá negativamente en sus personas amadas. Sus acciones son en general arriesgadas e inconscientes de su propia seguridad, pero al mismo tiempo están planteadas desde el contexto de una situación en la que no se le dan al personaje más opciones viables (o incluso la chantajean [lo que viene siendo coacción, vaya]), así que hubiera tenido que escoger esa vía incluso en el caso de darse cuenta de que dichas decisiones iban a herir a sus compañeros. Bien, pues es en esta situación en la que tanto Orión como Ligeia se dedican encima a echarle las culpas, a cargar más responsabilidades (y por ende más culpa) sobre los hombros de Asteria y a decirle lo mal que está haciendo todo.
Orión: «Te hice un juramento. Te dije que te protegería. Si algo te pasa, me estarás condenando, ¿verdad? Y tú nunca dejarías que eso ocurriera… [Ortiga: ¿alguna responsabilidad más que quieras que te quieras sacudir de encima, encanto?]», «—También es mi destino el que ha decidido sin mi permiso [Ortiga: los cojones. Te afecta porque a ella le afecta y se supone que la quieres, pero no es tu destino. Solo te toca de rebote, deja de hacerte la víctima, por favor]».
Ligeia: «—¿Ni siquiera vas a decirme nada, después de lo que has hecho? [Ortiga: querer proteger a tus hermanas, a quienes tienen de rehenes para controlarte, ¡cómo osas!]», «—Ibas a ser mi protectora —susurra. Dolor. Otra víctima más. Dejo caer la cabeza, derrotada. Es cierto, esa podría haber sido nuestra nueva vida. Orión y yo la apoyaríamos en su reinado y la protegeríamos. Íbamos a tener un hogar todas juntas. Íbamos a ser una familia—. Ibas a capitanear la guardia de la emperatriz, y a entrenar a cientos de mujeres para batallar y luchar por justicia. Ibas a quedarte a mi lado. Íbamos a estar juntas, Asteria [Ortiga: sigue, sigue. Creo que aun no se siente lo bastante mal. Todavía puedes seguir ahondando en la herida]», «—Lo sientes… —repite ella—. No… No lo sientes. Sientes hacernos daño, pero no estás arrepentida de tu decisión. Porque los has salvado. A Orión. A ellas. Porque sigues creyendo que tu paz es un sacrificio válido por las vidas de otros. ¡¡Maldita sea, Asteria!! —estalla, encogiéndose sobre sí misma—. ¡No has aprendido nada! [Ortiga: pues tu tampoco es que estés hablando de otra cosa]».
La propia Asteria llega a decirse: «Y ahora nadie tendrá paz», cosa que es mentira, porque el trato que ha cerrado salvará a sus hermanas de una eternidad (literal) de sufrimiento. Y las amazonas son unas cuantas, así que sigue mereciendo la pena que Orión y Ligeia, que son dos, vayan a echarla de menos a cambio de la paz eterna de toda la tribu de las amazonas.

Permitidme aclarar una cosa sobre este último tema antes de cambiar de tercio. Si las autoras han hecho todo esto de la culpa adrede, es fantástico (sería más fantástico si no fuese explicativo, pero me conformo). Sólo lo incluyo en la categoría de los contras porque de verdad que no tengo claro si sabían lo que estaban haciendo. La culpa hubiera sido un núcleo genial que trabajar en este novela y le hubiera dado una profundidad y un valor narrativos enorme. No obstante, y con independencia de que las autoras fuesen o no conscientes de que estaban jugando con la culpa como sentimiento predominante en el personaje de Asteria, lo cierto es que no lo han trabajado en tanto que núcleo, dado que nada tiene que ver con el desenlace del conflicto final de la novela. Este libro ha desaprovechado, a mi parecer, una grandísima oportunidad. Es una lástima.


Ahora, hablemos de las cosas que directamente no me trago. ¿Os parece? Muy bien: os presento los entrañables momentos en los que la autoridad narrativa se intentaba suicidar descolgándose por la ventana de los pelos del bigote.

La escuela de gladiadores donde tienen esclavizadas a Asteria y sus hermanas amazonas es en realidad un hotel pintoresco con tapadera. Asteria tiene una tina tamaño humano adulto en su habitación privada, y en ella todas las noches le preparan (o se prepara, no lo sé) un baño de agua caliente. Además, las paredes de la ya mencionada suite parecen estar insonorizadas, o tal vez es que le tienen reservada una ala entera del palacio a la moza, o quizá todos los demás inquilinos del hotel son convenientemente sordos e incapaces de percibir las vibraciones de las paredes. Porque el caso es, queridos hierbajos, que se monta un circo de la leche cuando viene Orión a hacerle su primera visita (gritos, liarse a puñetazos con las paredes [no es un decir], luchas, apuñalamientos…) y por ahí no se pasa ni Peter a ver qué diantres está pasando con la esclava. Eso por no mencionar que las esclavas, guión, gladiadoras, guión, amazonas pueden pasearse por el complejo como gusten y cuando gusten, abandonar sus entrenamientos si les apetece, sin que nadie le dé siquiera una voz al respecto, volver corriendo y llorando a sus habitaciones y tomarse el tiempo de echar un quiqui antes de regresar al patio de prácticas. Gente muy enrollada, los dueños del hotel este.

El laberinto en el que tienen encerrada a la diosa del Caos, protegida por bichos y dioses menores mazo de chungos es un tanto chiste. No hay más que tres encontronazos con guardianes del laberinto, pese a que nos lo pintan como que Eris fue una mujer ocupada y tenía unos cuantos críos malignos por ahí sueltos entre los setos. De las pruebas a las que tienen que hacer frente Asteria y Orión, dos de ellas son simples juegos mentales de los que tan solo tienen que alejarse, la tercera es la única que en verdad demuestra ser un peligro y por poco no lo cuentan ninguno. También está el hecho de que se deben de haber metido en la opción laberinto fácil, porque tan ufanamente que se meten y tan ufanamente que encuentran lo que estaban buscando, y todo ello en una noche. Que venga el minotauro y lo vea, que si no salía del laberinto era porque no le salía de las santas pezuñas. Y no hablemos ya de que despertar a Eris es tan sencillo como que Orión le dé un besito para insuflarle la vida. Cuando esta parte se acaba yo estaba pensado «¡uy!, qué libro tan corto les ha quedado, qué bien». Ja. Ja. Ja. Ilusos. Eso era como el primer tercio de la novela. Y el caso es que los objetivos ya están cumplidos y tú te quedas preguntándote con qué demonios piensan rellenar lo que les queda, pero… de eso ya he dicho que hablaré más adelante.

En casa de Ligeia no se puede aparecer ningún dios porque están bajo la protección de Atenea. Por lo menos hasta que a las autoras se les olvida. Porque bien que Zeus coge y se desaparece y se larga.

También os quiero hablar de las múltiples veces que Orión hace un comentario de este estilo refiriéndose a Asteria [Asteria termina convertida en la diosa del Dolor, no preguntéis]: «No me importa qué poderes tengas. No me importa el daño que creas que haces». Ahí falta: porque te quiero mucho como la trucha al trucho. Y, digo yo, ¿os acordáis de la obsesión que ya comentaba mucho más arriba sobre centrarse en lo redomadamente inútil que es Orión, que a pesar de que sus poderes como dios de la Vida incluyen curar heridas a nadie le importa una mierda y no solo no lo valoran sino que no le dan un uso? Pues con Asteria pasa lo mismo: parte de su poder incluye ahora quitarle el dolor a la gente, hacer que no lo sientan, pero, oye, mejor nos vamos a centrar compulsivamente en que tiene la capacidad de producir no solo dolor sino heridas físicas con el pensamiento. ¿Todos a favor? Todos a favor. [Por cierto, el nuevo poder chungolandés de Asteria no los describen como bastante sadomaso.]

Nos encontramos en este libro, metido a traición y sin que tenga mayor relevancia para el núcleo o impacto para la trama, con el clásico trauma del hijo abandonado que por fin descubre quién es su papi/mami y resulta que son unos cabrones con orejas y mu' mal bichos. Y que no le quieren tanto como la trucha al trucho.

En ocasiones me pregunto sobre las nociones de anatomía básica de Orión. Quiero decir, Wikipedia me cuenta que las amazonas se cortaban el pecho derecho para que no interfiriera con su manejo del arco y demás. Orión, por su parte, se dedica sistemáticamente a buscarle el latido del corazón a Asteria en el pecho amputado. «Cuando mis dedos se deslizan hacia abajo, por su pecho, y tratan de encontrar el punto exacto donde está su corazón, apartando la tela de su túnica, ella se separa». Esto… ¿hola?, ¿hay alguien en casa?

A las autoras se les cuela, bonus point, esa visión tan bonita del mundo, por simploide y fácil de entender, en la que los malos con muy malos y hacen cosas malas y los buenos son fantásticos y hacen cosas buenas como dirigir un imperio y conquistar nuevos territorios sin recurrir nunca a la violencia. «(El padre de Ligeia y anterior emperador) Conquistó territorios, sí, pero no lo hizo con la guerra como bandera, sino a partir de la sabiduría y el diálogo». Ya sabes, duh! No seré yo quien le quite a nadie el consuelo del placebo, pero si a alguien le interesa os puedo recomendar un manga/anime que se llama Akatsuki no Yona (no que el gobernante de esta historia sea mucho más realista, pero al menos no es unineuronal y su visión del mundo y del gobierno de un país es algo más interesante).

Vamos ahora con la escena en la que Asteria mata al emperador malvado. Es mi favorita, en especial esta parte: «Las manos del hombre quedan colgando de las riendas del caballo». Solo hubiese faltado que el caballo escapase con las manos y recorriese el reino de esa guisa. Hubiera dado para una leyenda al menos tan interesante como la que ya nos cuenta esta novela. También está el pequeño, insignificante dato de que el hombrecillo este sigue consciente (¡y con vida!) a pesar de haberle amputado a lo loco-co ambas manos, haberle roto huesos y estar Asterria en proceso de abrirle por todo el cuerpo cortes con los nombres de las amazonas muertas, muy a lo Dolores Umbridge [Dolores, ¿lo pilláis? Soy mondante. Lo sé]. Suena razonable. Por favor, sigue contándome lo burraca que se está poniendo Asteria con todo esto.

Me voy a ahorrar comentar la parte en la que Asteria sabe leer y escribir (pero poco) porque, puestos a inventar, pues en realidad podría ser cualquier cosa (igual le enseñaron los leones del coliseo, que son unos bichos muy cultos, para algo les tenemos guardando entradas a ministerios y cosas de esas).





Sin embargo, sí que quiero hablar de la falta de justicia en el panteón de los dioses. Es un punto positivo, en ese sentido, que el conflicto no se resuelva a lo chachipistachi y con un final feliz con frosting fantasía. Pero al mismo tiempo también cabe decir que los dioses estos, para tener tanto tiempo libre en las manos y una eternidad para gestionarlo, como que no nos han salido muy avispados. Ni avispados, ni justos, como digo. A Asteria se la castiga por el asesinato de Eris, cosa que me parece correcta; no tan correcto me parece, no obstante, que se dejen correr tanto los abusos de Hera como el papel que juega Hades en el asesinato del Caos. Teniendo en cuenta lo genérica (y escasa) que es la ley para estos personajes, me sorprende que no haya alguien valiéndose de las no ya lagunas sino océanos interiores del sistema legal (que viene siendo solamente: prohibido matar dioses bajo ninguna circunstancia, todo lo demás lo discutimos entre nosotros como buenos hermanos). Zeus tiene ahí como un momento de duda y culpa en el que piensa que no es justo que castiguen a Asteria (cosa con la que no estoy de acuerdo), pero que no hay nada que pueda hacer al respecto y que tiene que aplicar las leyes (leyes que, por otra parte, permiten que Hades vuelva a chantajear a otro dios si se le antoja y si ello conviene a sus fines, yo les veo muy poco pragmatismo a estas «leyes», ya digo, muy poco futuro). Está bien que el conflicto no se resuelva y que los deseos de Orión de ver un mundo mejor no se vean colmados, que el mundo el realidad termine siendo tan injusto como comenzó, pero todo el asunto me parece bastante ridículo y forzado de cara a permitir un final agridulce de paquete de kleenex. Creo que es una mejora de cara otros finales que he leído de estas mismas autoras, pero me queda la duda de si lo están haciendo por los motivos correctos o solo es que les gusta el drama.

Y ya por terminar: ¿Sabéis quién más no es muy avispado, al igual que todos sus demás compañeros inmortales? Exacto. Orión. Pues ¿tú te crees que él SABE que Artemisa se siente culpable por el destino de Asteria y el resto de amazonas, SABE que Artemisa se pidió motu proprio escoger dónde ocultar el cuerpo petrificado de Asteria una vez castigada, SABE dónde se encuentra el poblado de las amazonas, el único lugar en el mundo en el que Asteria se sintió alguna vez libre, en paz… y el tío no es capaz de sumar uno y dos y se tira años y años buscando a su amorcito en los lugares más inopinados antes de caer en que, oye, igual Artemisa tenía algo concreto en mente, algo así como majo, ya sabes? ¿Te lo crees? Pues créetelo.


Y... Sí. Ale. Con Dios, hierbajos.


Chichómetro: qué pena, penita, pena.

Potabilidad: se puede beber, pero trae viandas que va pa' largo.

Carcajadas: 3/10

Otras páginas que tienen publicadas críticas o reseñas de este libro, por si os interesa contrastar: Un lugar mágico, Fiebre lectora, Vorágine interna.


Sí, sí, ya sé lo que estáis pensando: Ortiga, furcio, dónde están esos movimientos parabólicos que nos prometiste. Entiendo y comparto ese ansia matemática, de verdad, pero me temo que tendréis que esperar a la segunda entrega de esta crítica, que será además (bonus point!) una entrada de Yo también quiero ser escritor.


Lo prometido es deuda.

17 comentarios :

  1. Güenas.
    Tengo varias preguntas:
    ¿Cuando dices lo de "¿Punto positivo? Los personajes están pensados para atentar activamente contra los roles de género tradicionales a favor del ensalzamiento del papel de la mujer.", te refieres a positivo como labor de concienciación o positivo porque da lugar a situaciones interesantes a nivel narrativo?
    Por otra parte, ¿no debería haber un choque entre esos modelos tradicionales y los transformados que se presentan? Por eso de que es la antigua Grecia, que no es precisamente mu' feminista que digamos (porque es Grecia, ¿no?). Incluso en el caso de Asteria, que no es propiamente griega, deberían tener mucho más peso los roles de género en su forma de ver el mundo, aunque al revés,por pertenecer a una sociedad hembrista, y tal (qué situación más rara poder usar esa palabra con propiedad, juju). Porque, por ejemplo, me extraña que Zeus, después de enterarse de que Hera abusaba sexualmente del mozo no se pillara un mosqueo del quince, no porque su mujer le estuviese jodiendo la vida al muchacho, sino porque le pusiera los cuernos. Es un pensamiento muy siniestro, de acuerdo, pero supongo que sería el que tendría ese señor.
    Y, en lo que respecta a Asteria, ¿no debería estar muy traumatizada también? Porque, para un pueblo como el suyo, que da tanta importancia al valor guerrero y a la honra y todo eso, verse de repente esclavizado y convertido en un mero entretenimento para otros, que además son varones, de esos que las amazonas usaban para violarlos y quedar preñadas antes de degollarlos, pues debe de ser algo bastante jodido y un impacto psicológico tochérrimo.
    Pos me parece que nada más que comentar. Mi espíritu friki me impulsa a berrear que Eris no es la diosa del caos (la divinidad griega/cosa cosmológica chunga del caos es... ¡Caos! "plot twist") o que los gladiadores son romanos y no griegos, pero no viene mucho al caso.
    Muy chachi la entrada, como siempre.
    Con amorr. :)

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  2. La verdad es que no me esperaba una fiabilidad infalible en cuestión de terminología para este libro, así que me creo casi cualquier cosa que me digas con respecto a gladiadores y nombres de deidades. En todo caso, y con respecto a lo que toca a las amazonas, las autoras han hecho una interpretación muy libre del tinglado en la que las amazonas con gente mu' maja y abierta que simplemente se valen de forasteros para procrear y luego son madres solteras, pero sin recurrir a degollar a nadie ni movidas por el estilo. Que ya hemos visto que aquí los buenos son buenos y ya'tá.

    Lo del "punto positivo" me refería en este caso a nivel social/concienciación/representación/llámalo-X y además por la novedad (que leer una y otra vez la misma historia aburre). Pero a nivel narrativo, como ya he dicho, los personajes no están adecuadamente construidos ni tratados, así que... Meh.

    Espero que eso responda a tus preguntas, estimado anónimo.

    Fdo. O.

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  3. La verdad es que estoy totalmente de acuerdo, la gran mayoría de lectores que conozco en twitter no hacen más que fangirlear por este libro y por mucho que avanzo no le veo ningún punto verdaderamente salvable, menos aún sabiendo mitología. O al menos no como para tener una lectura maravillosa, tiene algunos puntos positivos pero no son suficientes para salir de un aprobado raspadillo a lo que en narración se espera. Repeticiones, cuestiones de moralidad, esa superación traumática casi instantánea. Y no hablemos de sororidad, porque no existe en este libro y es una verdadera lástima, pues esperaba algo más de estas autoras. Como intento no lo veo mal de todas formas.

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  4. Puf... es que no sé cómo llamaros, Vine hasta aquí por unos Tweets e Iria que lueg borró, pero quedaron algunos habando de la depresión por culpa de críticas como a vuestra.

    https://ibb.co/kJutov
    https://ibb.co/cRSraa

    A ver, que sus fans les vamos a seguir queriendo a las dos y que nos da igual que haya haters aquí o en Goodreads poniendo mal el libro. Ya me acuerdo de un chaval que dijo que la mitología estaba toda mal y copiada de Disney, ¿Y qué? Yo en la presetación de Rojo y Oro en Madrid conocí a mucha gente y somos muchas las personas que estamos con ellas porque conocemos gente, etc,...

    Así que me parece vergonzoso hacer alo así y que una autora como Iria entre en depresión por vuestra culpa y vuestras críticas. Como ella dijo que ya se lió en otras entradas del blog, pero que al final pues o dejó porque os llevabais bien en Twitter. Pues bien, por qué hacer esta entrada si sabéis que nos gustan.

    Y a mí me gustan las historias de amor que hacen y me gusta su comunidad, somos fangirs de ellas: seriienses. Y vuestro odio no nos afecta. Aunque a Iria sí (porque yo soy más fan de ella que de Selene) y os digo que paréis.

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  5. Las Malas Hierbas somos más malas... más malas que... ¿un dolor de muelas? Nah. Demasiado sencillo. Somos más malas que una crisis existencial. Muajajaja. Somos temidas en las consultas psiquiátricas de todo el ámbito hispanohablante. Los escritores caen rendidos ante nuestra perfidia y poder de depresión. MUAJAJAJAJAJAJA...

    En fin, estimada Seliriense, creo que nos concedes demasiado crédito. No me quejaré: las Malas Hierbas nos regocijamos, nos encanta sentirnos alabadas en nuestra maldad.

    No sé de dónde has sacado la idea de que nosotras somos la causa de la depresión de Iria. Estoy convencido, pese a mi narcisismo, de que la muchacha tiene otras muchas cosas de las que preocuparse. Vamos, que ya lo dudo.

    Pero, fíjate, otra cosa de la que dudo es que, con lo que ya tenga encima, le apetezca tener que estar lidiando también con las chorradas que una persona muy bienintencionada vaya diciendo por ahí en su nombre. Y este es el único motivo por el que en esta ocasión me voy a abstener de gritar en Twitter "alimentad al trol": por deferencia a ella.

    Ale, ale, con Dios.

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  6. Por alusiones:
    Seriliense, nadie ha dice nada malo sobre Iria, y todo cuanto leo en esta entrada va sobre la obra, en ningún momento hablan sobre ellas.

    Lo que si te voy a dejar es la crítica que yo hice en Good reads que tu comentas. Esa reseña tuvo muchos "incidentes" porque ponía el libro mal, pero a día de hoy sigo pensando lo mismo. Sinceramente flaco favor se hace con nada de esas opiniones a las autoras.

    Todo mi ánimo desde aquí si Iria está pasando depresión, y eso, lo siento pero no tiene nada que ver con que escribas mejor o peor. Una cosa es la persona y otra el escritor (Iria como muchacha me parece maja, como escritora no la leería). Dicho esto dejo la reseña de Good Reads (la copio que no me deja poner links), y la próxima vez, Seliriense puedes decir mi nombre sin problemas.

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  11. ---------
    POR TANTO: Y siento hacer tomado el blog, hierbas, pero es que no tengo siti propio y la que se montó fue por esa crítica.

    Ni soy un hater ni nada, soy un tipo que leyó un libro y no le gustó y desde luego ni voy a leer ni a criticar libros de estas autoras nunca más porque me habéis amargado la existencia en redes después de esa crítica. Y por si fuera poco váis por blogs cupándolos a ellos d la movida. Pues no. Fue conmigo y ya.

    Espero que sigan con sus libros y sus cosas, y ya. Que estáis todas las fans a la que salta. Y yo me estoy pensando en cambiar de perfil de Goodreads y mail por la avalancha y alusiones que tuve, porque Iria os lo dijo y desde entonces no paran de mandarme mensajes así que YA.

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  12. Querido Diego,

    Me toca las narices la gente que es parda mintiendo, me vas a tener que perdonar. En uno de tus mensajes HAY un link, y nunca nadie ha tenido problemas en este jardín para incluir enlaces (para usar el botón de responder, sí, pero no para los links). Así que no nos tomes por imbéciles, porque eso dice muy poco en favor de tu inteligencia (no es que afirmar que no se pueden incluir enlaces y luego poner uno en uno de tus comentarios dejara el baremo muy alto, pero menos da una piedra).

    En segundo lugar, esto que has hecho de pegar tu reseña a lo loco y sin frenos, sin pedir permiso, y luego pedir perdón como quien no quiere la cosa por haber invadido el jardín nos toca mucho las narices. Así que la hemos borrado. Si quieres responder a otro lector con tus palabras estupendo, pero las reseñas las dejas en tu página de Goodreads, que ahí están preciosas.

    PS: Flipao.

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  13. Querida Seliriense,

    Seguro que tienes muy buena intenciones, pero el infierno está empedrado de buenos propósitos y a nosotras el jardín nos gusta salvaje, sin adoquinar.

    ¿Qué quiero decir con esto? Que tengas un poco de respeto. No tienes ningún derecho a elucubrar sobre la depresión de otras personas, ni a comentar en espacio público las posibles causas de esa depresión tan a la ligera, sobre todo cuando no sabes de qué hablas porque no conoces a la persona. Honestamente, flaco favor le vas a hacer a Iria poniendo en su boca palabras que no son suyas. Nos hacemos cargo de que la admiras mucho como escritora, pero Iria no tiene precisamente dificultad de palabra, así que deja que hable por sí misma, que lo hace y muy bien.

    Así que, aviso para navegantes, si aparece alguien más echando la quiniela sobre la depresión de Iria, que no es asunto de nadie más que de ella, borraremos el mensaje para respetar su privacidad (esto se aplica en general a las enfermedades mentales de otros que no seamos las malas hierbas, que así nos ahorramos consulta).

    Seliriense, tu mensaje no lo vamos a borrar para que quede como advertencia. Por favor, de ahora en adelante ten un poco de cuidado con lo que vas diciendo.

    PS: Soy consciente de que igual tienes doce años y este mensaje es un poco duro. Pero ¿sabes qué otras cosas son duras? Las enfermedades mentales.

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  14. Qué pereza... Leí el anterior libro que publicaron y me pareció... en fin, no me pareció en absoluto, a secas. Creí que quizás en publicaciones siguientes la cosa mejoraría un poco ¿lo ha hecho? ¿mejor o peor que sueños de piedra? ¿igual?

    Buen blog!

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  15. @Anónimo: yo diría que por el momento la cosa se mantiene más o menos en la misma línea.

    Con amorr,
    O.

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  16. ¿Vais a hacer reseña de Encuentros? Yo la verdad es que no sé si me gustan los libros o aprendo de las reseñas (es broma, es broma, es que en las blogger lit con hablas de ellas y sube el pan) XDD

    por ciertooo. ¿Qué opináis de que Iria la tomara con Laura Gallego y la movida de Twitter?

    P.

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  17. ¿Ein? ¿Qué es lo que ha pasado? No nos hemos enterado de nada o.o

    O.

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